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¡La batalla final! Edición 2014 - 2015

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¿Quién crees que ganará el Kinra Maiden?

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¡La batalla final! Edición 2014 - 2015

Mensaje por Amaranth el Miér 13 Mayo - 19:40


¡Buenos días, lobo!
Aquí se dará a conocer la batalla final del Kinra Maiden perteneciente a la etapa 2014 - 2015.
¡Lee y apuesta por tu favorito! Déjanos en el sondeo tu elección anónima.
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Amaranth
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Re: ¡La batalla final! Edición 2014 - 2015

Mensaje por Amaranth el Miér 13 Mayo - 19:41

PARTE I.
El lago estaba más frío que nunca, aportando un aspecto lúgubre mucho mayor que el normal, y ni hablar del cielo totalmente invadido por las nubes, neblinas y aquel gas tóxico que emanaba el volcán Ankareth. El sol no lograba traspasar aquella masa, dejando a poca luz las orillas.  
Anouk se hallaba sentada al pie de un árbol, peinando con sus dedos los tres pelos que tenía su muñeca, incansable, repetitivo. No tenía ojos para nada más que su muñeca, pues la atención ya la ponía su demonio.

—Qué bonito juguete—Susurró a los oídos de Anouk una voz, era Lucie. Ese tono de altanería mezclado con arrogancia era tan característico que tan solo oírla se podía reconocer.
La loba blanca apareció al menos a unos diez metros de la niña, sentada, moviendo su esponjosa cola similar a un felino inquieto.

No pasaron muchos segundos antes de que Sony se dejara ver en la parte opuesta a Lucie, al otro lado de la niña. No le hacía falta decir nada para dejar ver sus intenciones, y su aura dejaba un resquicio destructor e iracundo, pero a la vez serio, resistente al tiempo y al daño.
Anouk les miró lentamente, primero a uno y luego a otro, con desconfianza.

— ¿Han venido a por mí? —preguntó con firmeza, dejando al lado su muñeca.
—Depende de ti, bonita—Sonrió la cánida nívea, estirando sus patas para ponerse en pie al segundo. Era prácticamente un fantasma, tan reluciente, de ojos transparentes, de aura tan compleja que paralizaba. Agachó la cabeza, quizás dando paso a Sony o a la pequeña misma para iniciar.

Anouk se levantó con la misma decisión, repitiendo a la perfección las palabras que había acordado con su demonio, en caso de que vinieran a buscarla.
— Te lo diré, señorita. No vengan a buscarme, porque yo no me quedaré a enfrentarlos hasta que Kyrara no aparezca. —Tomó aire—. Prefiero no quedarme para confirmar mi creencia de que puedo mataros a los dos, D'Schirk me ha dicho que sería inútil arriesgarse. La única que queda en desventaja en este encuentro soy yo, por lo que las cosas quedan así: los dos en contra mía y me largaré de aquí hasta que Ky asome la cabeza. O en cambio... Ofrézcanme la mano y me uniré a ustedes ahora en su contra. Sonrió deliciosamente, como si su plan le resultara dulce. Sabía que de todos los participantes que habían pisado el Kinra, ella era la más difícil de detener si quería huir a ponerse a salvo, y tampoco le afectaban palabras como cobardía u honor si tenía claro el fin.

Lucie no evitó reír—¿Qué te hace pensar, que Kyrara dará la cara al haber sido la última en pelear de nosotros?—Indagó mirando de re ojo a Sony—Y dime, pequeña ¿qué te hace pensar que Kyrara te ayudará? No sabes que planea, nadie de nosotros lo sabe—Exclamó comenzando a rodearla con paso sereno, acompañando sus palabras de muecas—Quizá yo ya he muerto, quizá ella me controla, quien sabe si él no es obra de su ilusión—Dijo señalando con la punta de su nariz a Sony—O quien puede saber con exactitud si ella no nos está observando ahora...

Anouk dio la vuelta a los ojos y respondió, infantilmente:
— Para empezar, da igual que haya sido la última. La pelea contra Anzai fue lo suficientemente floja como para que ya se haya recuperado por completo.

Sony permaneció en silencio, rodeándola de manera complementaria a Lucie para cerrar todo el ángulo.
— Para seguir, no planeo su completa ayuda, simplemente planeo aparecer cuando ella lo haga y atacar cuando ella lo haga, para así usar su colaboración para distraer a un rival o dos. Ella sabe que no debería tenerme en su contra, porque moriría contra los tres con toda seguridad.
Sonrió.
— De hecho, mejor que nos esté observando, y aunque no lo hiciera, sabría lo que se cuece en cada zona del Kinra como yo lo sé y como ustedes lo saben. Y sé que no son ilusiones estúpidas. Las ilusiones no me afectan.

Lucie no hizo más que reír, escuchando atentamente las palabras y bufando con ciertas—Supongamos que tienes razón—Suspiró mirando a Sony, esperando hablar por su parte.

— ¿Y piensas esperar hasta que Kyrara aparezca? —intervino Sony con voz suave—. Creo que ya sabemos quién perdería en una lucha de paciencia, niña, pero ya hemos esperado demasiado todos. Quizás preferirías que te ofreciésemos la mano.
— Ajá. Estoy al tanto de tu tendencia a traicionar, por lo que si planearas algo en mi contra me daría cuenta.
— O no —murmuró, con expresión aburrida.
— Vete a la mierda —espetó, llevándose las manos a la boca repentinamente al decir una palabra malsonante—. No les es sale rentable traicionarme. Si no es un golpe letal, resultaría inmune a él y perderían  el factor sorpresa.

La nívea comenzaba a perder la paciencia, apretaba sus dientes emitiendo un sonoro chillido, similar al abrir y cerrar de una añeja puerta. Miró a Sony para regresar a Anouk, no estaba de humor a decir verdad.
—¿Tan necesitada es mi presencia? Me alagan—Anunció una cuarta voz, era sin duda y convenientemente Kyrara, quien llegaba con paso aletargado y elegante, como si nada estuviera ocurriendo.
Lucie, quien no había podido prever su llegada —principalmente porque la Jëylls no tenía palpitar con lo que no emitía sonido, y por poseer el viento en contra— frenó su andar.

— Al fin... —farfulló Sony, mirando a Kyrara con agresividad pero sin rencor.
Anouk miró a la pelirroja, satisfecha por haberla hecho salir.
— ¡Kyrara! —gritó felizmente, abandonando cualquier precaución para correr a abrazarla.

La loba enseñó los dientes en un gruñido, antes que Anouk pudiera abrazarla, aunque claro... Dejó que la niña lo hiciera.
—Vaya vaya, ¿Respondes al llamado de una pequeña?—Rió Lucie, recibiendo un simple bufido de
Kyrara, la cual no tardó en regresar al habla.
—Cuando ves a una inútil desde las sombras, no queda mucho por observar ¿No lo crees?

Anouk ignoró su gruñido y la abrazó durante un par de segundos, rodeando el cuello peludo de la loba y siendo levantada del suelo con facilidad en cuanto Kyrara alzó la cabeza para dirigir sus palabras a Lucie. Cuando se soltó y cayó al suelo, miró a sus rivales con alegría, deseando que pasara algo, cualquier cosa, pero que pasara algo.
— Entre todos decidiremos quien es un inútil aquí. Quien hable ahora probablemente se equivoque —Sony encaró a Kyrara, apaciblemente.
— ¿Eso crees, mi pequeño Sony?—Sonrió decidida a guardar silencio. Miró a Anouk con la suficiente seriedad como para hacerse entender, pasando a su forma humana en un abrir y cerrar de ojos. La mujer apoyó una de sus manos en el hombro de la niña, dándole una especie de caricia preparativa—¿Quieres jugar conmigo un rato?—Le propuso mirando a Lucie de re ojo.
— Sí —respondió Sony. Quién sabe. Quizás no conociera tan bien a los competidores, quizás se llevara sorpresas.
Anouk se removió ansiosamente, profundamente feliz en cualquier lugar donde se vertiera sangre.
— ¡Juguemos! ¡Juguemos!
—Mueve la primer ficha, querida—Sonrió Kyrara animando así a Anouk que diera el primer golpe.
Lucie no tardó en gruñir, tensando sus músculos y ubicándose en el flanco izquierdo de Sony. Apenas Kyrara terminó su última palabra, Anouk se giró hacia ambos lados con tal brusquedad que pareció que se le había dislocado el brazo, pero este creció en longitud hasta formar una mano oscura y correosa al final, gigante y de tan solo cuatro dedos. Un chillido gutural provocó vibraciones en la superficie del lago, y la mano se dejó caer con fuerza donde ambos lobos esperaban.
Automáticamente la loba nívea entró en movimiento, esquivando el manotazo pero por otro lado entregándose a la quijada de Kyrara, quien la esperaba a unos metros de distancia con anticipación. La Jëylls, firme y potente, la azotó contra unos árboles cercanos siguiendo la inercia del cuerpo. Kyrara parecía acosar a Lucie con cada ataque, quien a duras penas podía esquivar al menos la mitad de ellos. El cuerpo de la estelar se encontraba intacto, pero el asedio mental cometido por la azabache lograba sacar ventaja. Una embestida, un golpe, una alucinación… Cada detalle contribuía a que la Jëylls mostrara supremacía por mínima que fuera.
Habían abandonado lo que era el campo de batalla central; ahora estaban divididos de los otros dos competidores.
En su propia batalla contra Anouk, Sony esquivó el manotazo grácilmente y se subió de un salto al envés de la garra negra. Inició una carrera a lo largo del extenso brazo hasta llegar a donde la niña se encontraba. Abalanzándose sobre su pequeño cuerpecito, hundió sus colmillos en la cabeza de la niña a la vez que se enganchaba al brazo negro con las patas de atrás. Dando una voltereta sobre sí mismo, derrumbó a Anouk y tiró del brazo hasta arrancarlo de cuajo, apartándose de él cautelosamente. Anouk chilló rabiosa mientras se desintegraba el brazo, pero pareció importarle demasiado.
Más alejados de ellos, un escalofriante silencio se apoderó del lago al Kyrara caer; tan repentino como inició el combate, la cazadora se había vuelto presa. Lucie la acorralaba bajo sus garras, habiéndolo logrado gracias a un inesperado contragolpe. No había mente presente que lo imaginara… pero Lucie parecía dominarla.
Sin vigilar de reojo los movimientos de su aliada, Sony comprobó con obvio desagrado cómo Anouk reía monstruosamente y volvía a crear un nuevo brazo negro a partir del suyo. Rápidamente ideó una manera de  retenerla usando varias gruesas serpientes enroscadas a su alrededor. Una vez sujeta y con la decisión de acabar con Kyrara de una vez por todas, galopó hacia donde se encontraban ambas lobas y se posicionó frente a la azabache para hundir los colmillos en su garganta, tirando hacia atrás con la intención de arrancarla la cabeza mientras Lucie la sujetaba.
Nuevamente una risa perturbadora nació del hocico de Kyrara.
—¿De verdad, Sony? ¿De verdad piensas matarme así? —indagó con cierto filo, casi imitando un regaño.
—Pretendo que me enseñes alguna de tus maneras para evitarlo —murmuró con indiferencia, esperando fríamente cualquier ataque.
Lucie elevó primero las orejas, para más tarde dirigir su mirada directamente a su prisionera.  Tenerla así era estúpido; si pretendían asesinarla no iba a ser de esa manera. En acto de respeto y obviedad, la loba blanca se apartó embistiendo a Sony con intención de apartarlo del posible ataque de la azabache, quedando ahora  ella frente a Anouk y Sony delante de Kyrara. Ajena a todo, la niña se revolvió con la rabia de un animal atrapado y tardó menos de diez segundos en despellejar a las serpientes y hacerlas jirones. Cabreada fue a enfrentar al muchacho, pero se encontró en frente de Lucie, por lo que la dirigió una mirada de hielo y tomó su pequeña forma lobuna. Lucie mantuvo su serenidad intacta, aunque era evidente que el alejarse de las garras de Kyrara la había liberado un poco. Clavó sus ojos en Anouk, o mejor dicho, en su ente.
Esperó.
D’Schirk se materializó vagamente detrás de ella con actitud afilada y especialmente protectora. Sin intención de separarse de su lado aunque pudiera, el demonio arqueó la sutilmente visible columna vertebral y vomitó dos especies de perros oscuros, cuyo cuerpo era todo humo y huesos ennegrecidos que despedían un olor asqueroso. Caminaban arrastrándose y emitiendo gruñidos babeantes, y las dos alimañas del tamaño de tigres no quisieron esperar demasiado para acechar a Lucie.
Por otro lado, la loba azabache no pudo hacer más que sonreír. El contexto del Kinra Maiden anterior se repetía, pero ¿iba a hacerlo la historia?
Pequeños granos de arena comenzaron a rodear las patas de Kyrara, aquel elemento deseado y por pocos obtenido se dejaba ver una vez más. Su joven rival estaba tranquilo pero no perdía ojo. Lo mejor era no intimidarse; necesitaba la mente bien fresca para enfrentar a una persona tan fría en todos los aspectos. El cielo comenzó a revolverse con furia, dejando caer un par de gotas y rayos. A modo de contraataque contra el elemento de la chica, el lobo de las tormentas puso en juego su mejor poder para crear una llovizna sobre el terreno que sirvió para enfriar el suelo y empapar la arena de Kyrara, lo que la hacía más difícil de manejar.
Pero mientras la arena se bañaba, algunos fragmentos brillantes se mantenían en pie. Dispersos ente la arena húmeda, trozos de –según parecía– cristal aumentaban su tamaño al de balas, las cuales se lanzaron automáticamente hacia Sony. Rompían la tierra atravesándola y abriendo surcos que  sobrepasaban el metro de profundidad. El lobo azabache incentivó su poder. El cielo se estremeció con  la brusquedad de un rugido, al tiempo que las nubes se oscurecían rápidamente y comenzaban a escupir granizos sobre ambos participantes. Sony ajustó la precisión en milésimas de segundo para que los granizos se estrellaran contra las balas de diamante, desviándolas del camino antes de que pudieran tocarle.
Y unos metros más lejos, Lucie sonrió agachando la cabeza y caminando al compás de un humeante perro y en contra del otro, midiendo así a cada uno y enseñando los dientes. La estelar sacudió su cabeza lanzando mordidas al aire, iba tomando partido y entrando en calor. Los perros se mantenían a raya esquivando sus dientes, pero rápidamente pasaron a efectuar una táctica que consistía en que uno la sujetara por el hocico mientras el otro lanzaba mordiscos a su piel por otras zonas del cuerpo.
Ella luchaba contra el agarre de su hocico. De su cuerpo nacieron enormes estacas metálicas que impactaron tanto en su captor como en su atacante, logrando atravesarlos y quitando efectividad especialmente al más cercano, liberándose e introduciendo las estacas nuevamente en ella. Considerando la posible recuperación de los monstruos se lanzó rápidamente contra Anouk, logrando llegar y tumbar su delicado cuerpo infantil. Estaba esperando, más que nada, el ataque del D’Schirk.

Por otro lado, Sony tenía problemas. El diamante, intacto, no se detenía. Tocaba el suelo solo para volver a atacarle, casi como si tomara impulso de esta. La tormenta, quitando el agua, traía gran ventaja y desventaja a la vez tanto para Kyrara como para Lucie.
Aprovechando la ayuda de sus balas, la azabache se lanzó al ataque corporal, chocando en una dentellada contra el macho. Las balas mantenían fijo a su objetivo, atravesando tanto rocas, árboles, granizo, como a la mismísima Kyrara. Esto le otorgaba gran capacidad para evadir el campo visual de Sony y así efectuar el ataque. Las balas que  atravesaba a la Jëylls chocaban sin duda contra el cuerpo del Fawkes. Él se limitó a esquivar las balas o a recibir sus impactos con un gruñido seco mientras su mente trabajaba a toda velocidad. Sabiendo que solo un diamante podía rayar otro diamante, el azabache se dispuso a utilizar la Autoridad de Serpientes para crear en frente  de sí un reptil enorme y acristalado, construido a partir de los numerosos trocitos de diamante que estaban llegando hacia su piel. Con la capacidad de crear serpientes a partir de la nada, incluso si eso significaba utilizar otro material, el lobo se cubrió con una nueva secuaz de gran tamaño y dureza que podía beneficiarse del ataque.
Kyrara retrocedió con una bonita, dulce y escalofriante sonrisa al ver al reptil formarse. Onduló su cola cual felino, comenzando a rodearlo con un lento y elegante paso que aumentaba a un trote corto y sereno. Su cuerpo estaba infestado de diamante, pero al contrario de la ley, a ella no la dañaba. Podía absorber, penetrar o ser atravesada por ese hermoso material. La serpiente permaneció vigilante; inmóvil a excepción de su cabeza siguiendo su movimiento, silenciosa a excepción del sonido que hacían los diamantes de su lengua al rozar con su boca.
Consciente de su inutilidad en el ataque, se limitó a esperar a la Jëylls para defender al azabache. Sony esperó, altivo y sereno como un lord inglés.
Y unos metros más lejos, Anouk soltó un grito de susto cuando Lucie cayó sobre ella, pero fue inmediatamente sustituido por una risa eufórica y un rugido gutural que hizo vibrar todos los tímpanos. Los grandes perros resultaron impunes al ser atravesado el humo que los componía, provocando su rápida recuperación y su rápido ataque a los cuartos traseros de la loba nívea. Sin que el demonio se manifestara, Anouk formó unas fuertes garras negras en sus manos y tiró de Lucie en sentido contrario a los perros.
Entre todos pretendían desmembrarla, y los sonidos de su pelaje rajándose fueron música para los oídos de la lobezna.
Su piel se rompía, sí, pero Lucie no sangraba. A medida que avanzaban en su cuerpo comenzaba a notarse la dureza de su masa: impenetrable. La loba no desesperaba, sujetándose e inmovilizando a Anouk por el cuello. Giró repentinamente estrellándola contra ambos canes y alejando a los tres rápidamente. Aunque la lobezna había soportado la sujeción de Lucie con una sonrisa divertida, como si no la importara, el impulso contra los canes fue tan fuerte que logró hacer saltar sus huesos por los aires. Aún así, rápidamente se recolocaron, unidos por la voluta de humo.
Lucie estiró sus garras… y la última estelar comenzó a sanar sus heridas, aunque no del todo: su piel muerta cayó al suelo, dando lugar a una Lucie más, la cual se colocó a un lado de la original. La niña tomó su forma humana y miró a ambas Lucies como si de un juego se tratase.
De repente Sony entró en escena con un elegante galope, entre un cielo oscuro y cargado de truenos. La serpiente de diamante se pegó a la Jëylls sin tocarla y absorbió sus diamantes en milésimas de segundo, como una aspiradora, haciéndose más grande. Kyrara rápidamente se apartó de la serpiente, resguardando en sí casi la mitad de los diamantes más superficiales.
El lobo aprovechó la ocasión para hundir sus colmillos en la garganta de Kyrara, siendo inmediatamente alcanzado por un rayo atronador que entró por la punta de su cola. Su pelaje se incendió bruscamente, recorriendo su cuerpo al instante y entrando en el interior de la loba a partir de sus colmillos.
Sony mantuvo su mirada fosforescente y chispeante clavada en los ojos de Kyrara, notando el pelo erizarse por efecto del rayo, y con él, el de su rival. Aguantó un segundo. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Por descuido quizá, la loba había caído en la quijada del Fawkes, apreciando sus ojos chocar con los de ella al momento de la descarga en su cuerpo, pero una de las patas traseras de la loba se encontraba insertada en la tierra lodosa, la cual junto al resto del mineral de su cuerpo actuó como receptor del rayo y disminuyó casi por completo el choque.
Las luces parpadearon por los miles de vatios traspasados, y tras diez segundos, Sony retrocedió entre saltos aún con el pelo algo erizado.
Olía fuertemente a quemado, y no pertenecía al cuerpo del macho. El pelaje que recubría el cuello de la azabache se encontraba incinerado, desprendiendo un  aroma similar a la vegetación quemada, camelias marchitas y sangre. Esa había sido la zona más dañada; y chorreando sacudió su cabeza.
Chasqueó la lengua, haciendo resonar sus dientes al apretarlos; estaba enfadada y bastante alterada. No dudó en regresar al ataque, ordenando la formación de un enorme animal hecho de arena mojada y piezas diamantinas. Un gran felino se abrió paso, chocando rápidamente contra la serpiente de Sony, comenzando una nueva batalla. En ese mismo momento se  abalanzó contra el lobo de las tormentas, tumbándolo con la ayuda de sus garras y colmillos en su cráneo. Colocó una zarpa en su hocico, la otra en la quijada inferior, a la vez que con fuerza abría la boca del lobo y dejaba caer sus sangre justo dentro… Y qué peor que la sangre de un estelar. Quien lastimara a Kyrara siempre debía atenerse a la consecuencia quizás más previsible: el veneno que causa corrosión en los tejidos. Con solo una gota se podía esperar el más terrible de los finales: poco a poco comenzaba a consumir la carne del lobo, quién sabe hasta qué resultado.
No tardó en apartarse; por el momento, el contacto físico no era su objetivo.
Más alejadas, ambas estelares se movían en simetría, avanzando una por cada lado y confundiendo a la original con la falsa. Una de de ellas se lanzo nuevamente contra los perros, aunque antes de tocarlos tiró un ladrido más que potente al aire. Esto desencadenó, junto a los vientos de tormenta causados por Sony, una duradera ráfaga que por lógica volvía a los canes mucho más inestables en cuanto a su masa. Los embistió, haciendo tronar sus huesos chocando unos contra los otros. La segunda pasó a su forma humana, empuñando una larga estaca de metal, que nacía de la palma de su mano. Caminó a la niña y sin pena clavó el arma justo en el pie de Anouk, atravesándolo y aferrándola al suelo, repitiendo esto con su otro pie. La Lucie cánida, atenta, corrió a la niña clavada sujetándola por la nuca, esperando que la Lucie humana diera el golpe final.
Los perros tuvieron serios problemas cuando el viento difuminó el humo quie los envolvía, desestabilizando los huesos y determinando su desaparición momentánea del terreno. Anouk, por otra parte, parecía tener los mismos problemas que sus subordinados, aquneue al contrario que sus anteriores aullidos furiosos, ella solo reía y gritaba cosas incoherentes en holandés, el idioma natal de su demonio. Las estacas de sus pies no habían provocado sangre, más bien estaban insertadas como si su piel fuera de cerámica. No se movió cuando la loba la sujetó por la nuca, agrietando su cuello como un cristal quebrado y simplemente levantó la vista hacia la Lucie humana y sonrió.
—Adelante señorita, atácame. No puedes matarme. No así.
Lucie masculló algún que otro insulto dirigido a la niña, quien lograba alterarla muy fácilmente. Al oírla gruñó, pasando las estacas a su cuello con un brusco movimiento y rasgando su garganta.
Esperó.
El cuello de Anouk se quebró con un movimiento seco, dejando ver un interior oscuro y vacío carente de órganos o carne. Igual que su piel se había roto, volvió a unir sus trocitos en torno a las estacas, casi soldándose, a la vez que unas pequeñas lenguas negras atrapaban a ambas Lucies y las atraían hacia Anouk sin posibilidad de escape. Mientras la suave piel de la estelar comenzaba a juntarse con la de Anouk, las lenguas se incendiaron a miles de grados con la intención de fundir aquel metal que la protegía. La nívea estaba en problemas.
Sony se levantó del suelo lentamente, sintiendo su estómago arder por efecto del veneno. Notó como su interior se retorcía de dolor, mientras la piel de su esófago se corroía lentamente causándole una mirada furiosa. Aspiró una bocanada de aire como si quisiera calmar aquel calor en su boca que tanto le recordaba a un chili demasiado picante, pero cuando el dolor se hizo insoportable se auto provocó una serie de náuseas para terminar vomitando una gran  cantidad de sangre propia. Entre el líquido se hicieron visibles un par de serpientes pequeñas con el cuerpo blando y brillante, que se desintegraron rápidamente formando un charco perteneciente al veneno de Kyrara. Sony arrugó el hocico. No había sido difícil atraer el veneno filtrado en sus tejidos hacia la formación de los reptiles para luego expulsarlos, pero el tiempo que había tardado en hacerlo había provocado daños graves en su interior.
Kyrara agachó las orejas y la cabeza conjuntamente, regresando al ataque una vez más. No iba a darle el tiempo necesario para recuperar el aliento o tramar algún contragolpe. Aprovechando su mayor tamaño, la azabache lo tomó por el cuello azotándolo a sus pies, aunque Sony tuvo el cuidado de mantener la cabeza separada del suelo para no hacerse daño, y con grácil elegancia se tornó humana. De un salto se apartó y con un pequeño gesto logró invocar lo que parecían ser manos del suelo. Estas se concentraron en sujetar al can negro, estirando las extremidades del Fawkes en direcciones poco convenientes. Por suerte para él, los lobos de Altaria pagaban su menor tamaño con una gran rapidez y elasticidad, por lo que tenía tiempo suficiente para maquinar como contraatacar antes de que sus extremidades llegaran al límite.
Kyrara sabía que a Sony no le convenía lastimarla, y por eso osaba atacar sin pausa. Miró el cielo, sonriendo de lado, y casi como si este la obedeciera, produjo varios resplandores de manera amenazante.
Cuando el cuerpo del macho estuvo completamente estirado, recubrió su pelaje de escamas negras brillantes e hizo desaparecer sus patas para formar un cuerpo grueso y alargado que podía crecer en longitud indefinidamente. La cabeza cánida se aplanó para formar un rostro reptiliano, siseando irritadamente mirando a su rival con unos ojos verdes característicos del muchacho. Sin molestarse en liberar su cuerpo de las manos invocadas por Kyrara, se limitó a formar varios metros de longitud para tener suficiente capacidad de actuación, y cuando se vio a gusto encerró a la chica entre sus dientes en un abrir y cerrar de ojos.
Llovía.
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